Nana de un Sueño

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¿Qué es Nana de un Sueño?

Todo comenzó mucho antes.

Así empieza este nuevo espectáculo. Un guiño a lo que se cuenta en Ylusicalia. Y claro que empezó mucho antes. Es difícil comprenderlo, es algo que no nos cuenta. Pero antes incluso que nuestra gestación, antes incluso de nacer nosotras como padres o madres, ya se conforma el adn de lo que será y llevarán grabados nuestros óvulos y espermatozoides. 

Por eso se habla de generaciones y generaciones antes que la nuestra. Hablamos de aquellas madres y abuelas y las abuelas de estas. Que vivieron una realidad que conformó su vida, que las llevó a actuar y sentir de una determinada forma. No solo la forma de actuar, capacidades o aspecto físico, se hereda. Yendo un poco más allá, se heredan casi las vivencias que dieron lugar a emociones que se grabaron en las células (tanto a un nivel de defenderse como de goce). Y eso, se traspasa. De ahí que los gustos o comportamientos que surgen en los pequeños recuerden o se asemejen a sus progenitores. Pero hay, a nivel emocional, determinados bloqueos que cuesta identificar con vivencias, porque igual vienen de generaciones y generaciones atrás (al igual que ser propensos a determinadas enfermedades, que es lo que más identificamos como posible; pues sucede lo mismo a un nivel emocional).

Hemos olvidado (porque parece fácil y somos muchas) el milagro que es que se conforme la vida. Si estudias un poco el proceso de la gestación te darás cuenta de que el momento justo de transmisión de ese adn es un milagro. Todo está en contra para que no se dé. Tener esto presente hace que miremos con otros ojos a esa persona que nace o vamos a tener. Y ese poder de gestar una nueva vida ha de tenerse muy presente. Ese poder no es solo el de procrear, sino de traer una vida a un lugar a un momento de la historia y a una familia. Ser consciente de ello implicaría muchas cuestiones vitales a tener en  cuenta. No de nuestra pequeña, sino de nosotras mismas. Esto ya está en Ylusicalia escrito y no varía ni una coma.

Ser conscientes de nuestra familia y todo lo que hemos pasado hasta el momento justo de unirnos a otra persona para conformar una vida es, o debería ser, un ritual diferente al que entendemos ahora. Un ritual que lleva el conocerse y crecer como persona. A conocer a la otra persona y entender su vida. A estar al mismo nivel y en el mismo punto vital para crear un entorno de paz. Asumir los miedos y las responsabilidades de lo que nos deparará ese pequeño milagro de gestar una vida.

Hasta llegar el momento de soñar, soñar con un mundo nuevo.

Y que tan maravilloso sería que ese mundo fuese distinto. Fuese un lugar donde cada una nos desarrolláramos como lo que somos en esencia. Los miedos que como adultos que somos, no se los pasáramos a ellos. Que nuestros bloqueos se pasaran respetando nuestros tiempos y la forma de superarlos. Que ese mundo tuviera otros ritmos, otras necesidades, otra forma de coexistir, otra forma de cuidarse.

Pero a cada una nos toca vivir en el lugar y en el momento que nos toca.

Lo contemplaste y viste todo aquello en lo que se había convertido.

¿Si hubiéramos nacido en la edad media, seríamos igual que somos ahora?, ¿o en la revolución francesa? Nuestro comportamiento quizá fuese distinto. Pero los miedos, anhelos, serían muy parecidos a un nivel interno.

Nuestra sociedad se ha perdido, ha entrado en una parte de oscuridad aun teniendo todo el  conocimiento. Solo hace falta mirar hacia fuera para contemplarlo. Quitando toda ideología política, mira el mundo que hemos creado: un mundo donde la naturaleza ya no vale nada, muy pocas son las personas que ven en ella la casa donde todas habitamos y que hemos de cuidar. En vez de eso, nuestra comodidad ha hecho que sea un recurso a explotar: deforestando, contaminando, expoliando otras zonas, llevando un ritmo de producción mayor que el que pueda soportar. Un mundo donde todo es instantáneo, donde la información tiene que estar ya sin capacidad para asimilarla, donde las relaciones son efímeras, donde no importa qué pase dentro de una década o como estará dentro de una década. Un mundo donde los valores, la forma de tratarnos ha pasado de lo humano a lo comercial prácticamente. Si no es rentable no merece la pena un esfuerzo. Si no me lleva a un lugar mejor para mí no tendré en cuenta a las otras personas. En un mundo globalizado, solo para lo económico, nos da igual qué es lo que pase en otras partes del mundo. Mientras no afecte a nuestra vida. No nos cuestionamos nada de lo que aprendemos o el camino que llevamos porque es lo que tenemos que hacer. Un mundo donde el dinero está por encima de cualquier cosa. Crearemos desigualdad sin importarnos lo más mínimo si luego puedo dar una parte como limosna (y en ciertos días del año). Desigualdad que irá a la sociedad, a las escuelas, a los trabajos, a las vacaciones, a nuestro día a día. Un mundo de corrupción, guerras, explotación sexual, extinción de especies, desastres naturales, maltrato, suicidios… donde lo bello se esconde y no todo el mundo quiere ni tiene acceso a ello.

Al nacer ya tenemos unas habilidades heredadas. Solo hace falta ver algunos comportamientos innatos del bebé para ello. ¿Qué es lo que llevaremos impreso en nuestro ADN? Aquí entra todo tipo de filosofías, pedagogías, visiones evolutivas… Pero la que se intenta mostrar es la esencia misma. Nacemos siendo pura emoción y la soltamos sin prejuicio alguno. Reímos, lloramos, dormimos, comemos, nos movemos como queremos y hacemos todo aquello que sentimos en cada momento.

En el proceso de crecimiento y durante los primeros años de vida hay fases importantes, dejando a un lado las teorías evolutivas. Son importantes, porque después, trabajando con adolescentes y gente adulta, se ven las carencias afectivas. Si no nos trataron con respeto, si no tuvimos una familia estable (da igual el modelo de familia), si no tuvimos la sensación de cariño, si durante ese crecimiento fue todo acorde con nuestros ritmos o ritmos impuestos.

Algo simple es el hecho de levantar a un niño cuando intenta ponerse en pie. Quizá nuestra ayuda para hacer que se pongan de pie parece algo positivo, pero puede generar una dependencia puesto que no lo hace él. A parte de si nos apresuramos en que ande para que pueda moverse más libremente, estaremos haciendo flaco favor a su coordinación. Pero incluso, si todo es bueno o malo, si está bien hecho o mal hecho, si tiene premios o castigos, la valoración de sus acciones siempre dependerá de algo externo, no de su propia visión interna.

Y en este sentido, con la cultura que tenemos, esto será así continuamente. Desde bebés, gritándoles para que estén quietos, guarden silencio o hagan lo que nosotras queremos, hasta cuando entran en infantil, primaria o toda su etapa académica. Todo será como queremos los adultos y su futuro también. Si siempre hemos dicho como tienen que hacer las cosas y valorado, cuando quieran seguir su propia esencia, no sabrán cual es. Su felicidad estará marcada por lo que opinen el resto.

Pocas personas son las que son felices de verdad haciendo lo que les gusta realmente.

Así, entraremos en la sociedad y conductas que vemos: machismo, bulling, estrés, depresiones, rebeldía, resignación, aceptación de una vida que no quieren, patrones sociales, adoctrinamiento y represión a lo diferente.

Ese es el mundo que hemos creado y donde van a tener que crecer. Hasta llegar el momento en donde esa oscuridad les invadirá y hará que esa luz interna desaparezca casi por completo: cuando desaparece, ahí está el mayor de los problemas. Si no, siempre habrá una esperanza, aunque sea difícil, de despertar.

Dentro de esa oscuridad tendrán que decidir qué es lo que quieren o qué es lo que no quieren ser. Tener el valor suficiente para tomar conciencia de su propia vida.

He aquí donde  cobra sentido las palabras de Charles Chaplin en el gran dictador:

"Lo siento. Pero yo no quiero ser emperador. Ese no es mi oficio. No quiero gobernar ni conquistar a nadie,  sino ayudar a todos si fuera posible. Blancos o negros. Judíos o gentiles. Tenemos que ayudarnos los unos a los otros; los seres humanos somos así. Queremos hacer felices a los demás, no hacernos desgraciados. No queremos odiar ni despreciar a nadie. En este mundo hay sitio para todos y la buena tierra es rica y puede alimentar a todos los seres. El camino de la vida puede ser libre y hermoso, pero lo hemos perdido. La codicia ha envenenado las armas, ha levantado barreras de odio, nos ha empujado hacia las miserias y las matanzas. Hemos progresado muy deprisa, pero nos hemos encarcelado a nosotros mismos. El maquinismo, que crea abundancia, nos deja en la necesidad. Nuestro conocimiento nos ha hecho cínicos. Nuestra inteligencia, duros y secos. Pensamos demasiado y  sentimos muy poco. Más que máquinas necesitamos más humanidad. Más que inteligencia, tener bondad y dulzura. Sin estas cualidades la vida será violenta, se perderá todo

He aquí que volvisteis a sentir la hierba, a sentir las plantas y a los animales.

Hay un libro, precioso, donde habla de ese contacto con la esencia de cada uno: El libro Dorado de los Niños. También está el de cada una: El libro Rojo de las Niñas.

Esta parte, que parece ir a sentir la naturaleza, las plantas o los animales, es así, pero va más a la distinción entre nuestra parte masculina y la femenina, la que todos tenemos dentro (de ahí el yin – yang que había al inicio del espectáculo). Esta parte es la más personal. Después de mucho trabajar con peques eres capaz de ver muchos aspectos de tu propia persona que limita a la hora de comunicar y que vienen de años y años atrás.

El volver a sentir los elementos naturales es una vuelta a la esencia de cada una. En este caso, habla de la parte masculina y de él, del niño.

“…Tu mismo eres un niño poderoso. Tu poder es inmenso e invisible. No está escondido en la fuerza de tus músculos. Tampoco depende de lo mucho que hagas o de lo lejos que llegues. Lo guardas desde siempre en ti. Eres valioso y eres único, tal y como Ya eres. Tu poder se activa intensamente cuando eres tú mismo. Cuando respetas a tu cuerpo y a tu corazón. Cada vez que caminas sin escucharlos, te alejas de tu gran poder. Poder que despierta al obedecerte a ti mismo es el que lleva a proteger la Vida, con sus ciclos y sus ritmos, allá donde tú estás. Pero para ser tu mismo necesitarás ser verdaderamente valiente… No le des demasiado valor ni te esfuerces por agradar a los demás. Es una tarea imposible que te alejará de ti mismo. Dirán que seas duro y que no expreses tus sentimientos. Pero eso no te hará feliz. Eres vulnerable y eso te hace valioso. Los niños y los hombres lloramos. Así liberamos el dolor, la tensión, la frustración y la tristeza. Sin dejarlas atrapadas dentro. Llorar es un gran regalo que nos brinda nuestra naturaleza humana, como también la risa es otro gran regalo. Naciste con esos recursos para toda tu vida. Quizás los haya olvidado, al crecer rodeado de quienes han perdido los suyos. Pero siguen ocultos ahí, dentro de cada uno. Y brotan cuando volvemos a permitir que nuestros corazones se abran, como cuando éramos pequeños. Cuando sientas miedo, tristeza o vergüenza, tan solo detente. Escúchalo y exprésalo. Ojalá hayas podido crecer, desde muy pequeño, escuchándote a ti mismo. Jugando con la tierra, los bosques, los mares y los demás animales. Ellos necesitarán que, cuando te conviertas en un hombre, seas su aliado, y sigas conectado a ellos desde tu corazón. Y que recuerdes que formas parte de todo lo que te rodea. La Naturaleza vivirá siempre dentro de ti. Escucha y respeta su sabiduría, que es la tuya. Eres salvaje, libre, poderoso y profundamente inocente. Ámate sin censura.

Nadie merece hacerte daño traspasando tus límites, y todos los seres (por diminutos que sean) merecen tu respeto. Cuando sientas que tu corazón se aleja de los demás, a punto de endurecerse, busca espacio y tiempo para volver a conectar contigo mismo, hasta que recuperes la alegría y la confianza en la Vida. Ojalá no te vuelvas insensible a tus heridas, a las heridas de los otros ni a las heridas de la Tierra. Las heridas no necesitan que las escondas. Necesitan aire, amor y tiempo para Sanar…”

Cuando esto sucede, esa alegría de vivir surge. Su confianza se verá resuelta no por lo de fuera, sino por él mismo, por ella misma.

Volvisteis a sentir los ríos, los mares y océanos con todo lo que allí habita.

Esta parte sigue adentrándose en lo natural, es aquella parte que hemos perdido. Esta se centra más e ella, la parte femenina. El poder que se perdió en culturas ancestrales. Parte que es tan importante como la masculina. Para obtener ese equilibrio y que como cultura hemos perdido. Y es un trabajo, no solo para ellas, sino especialmente para los hombres el poder tenerla dentro de nosotros.

Somos parte femenina también. Si la abrazáramos entenderíamos también todo lo que hemos hecho en contra de ella. Pero en nosotros mismos. Nos hemos desconectado de ella, de su poder. La hemos dominado y puesto en un escalón inferior. Sin escucharla, sin valorarla, sin parar un momento a sentirla y darle la importancia.

Ellas, la abandonaron. Empezando por sus mismos ciclos y aceptándolo como algo natural y poderoso. Partiendo de la menstruación, su cambios de estado, su acoger incondicional y su cuidado. Dejaron todo para igualarse a lo masculino, yendo en pos de lo masculino para sentir respeto, cuando debiera ser al contrario.

El mar, los océanos, los ríos… el agua, tiene un poder enorme. Es la esencia de lo femenino y el poder que tiene. Da la vida y acoge todo. Pero puede llevarse por delante la tierra. Pero lo más importante, sin dejar de fluir y tranquilamente, que es su esencia.

Que ellas entiendan que no están por debajo de nada, que tienen el mismo poder que los hombres sin necesidad de hacer las mismas cosas. Que se amen como son, que respeten sus estados y sus ritmos. Lo que  desean y les hace bailar con la vida. Es esencial para este mundo.

Y esto que parece muy abstracto, si vamos a la realidad eres capaz de entenderlo. Todas las mujeres que están en el poder, se comportan como un hombre. Cuando son niñas, todo lo que tenga que ver con la menstruación es tabú. Tienen que hacer más tareas que los hombres, se les degrada por el hecho de ser mujer en anuncios, puestos de trabajo, relaciones… Han de competir no solo contra el hombre, sino contra ellas mismas (cuando no debiera ser así). Desde bien pequeñitas ya se les da un rol, se les educa en una dirección, se les bombardea con estereotipos, son un mayor número de las que llevan las tareas del hogar (que viene de generaciones atrás), cuida más tanto a familiares como cuando ya son ancianos. Se les asocia más a un tipo de trabajo que a otro. Se discriminan sus capacidades y habilidades.

Eso es contra lo que tienen que ser capaces de cambiar, de no darle la importancia.

Cuando hombres y mujeres acepten esa parte dentro de sí mismas, entonces todo cambiará.

 

Volvisteis a sentir como el viento os acunaba y os hacía volar.

 Reconocerse, tanto ella como él, hará posible otra forma de comunicarse y estar en la vida. Pero para ello deberán pasar un largo camino si no somos capaces de facilitarlo, con nuestra consciencia antes de querer ser madres o padres y después, desde el momento en el que nacen. Si no, el camino será complicado.

Hay una gran diferencia entre unos niños y otros. Entre unas niñas y otras. Cuando juegan, cuando están en clase o en una actividad. Se ve la esencia de cada una, como está tapada o como está a flor de piel. Su forma de jugar, de comunicarse, de relacionarse. Cómo algunos parecen que están apagados o supeditados a algo externo y como a otros les nace ser como ellos mismos.

Esa forma de fluir libre, es mágica. Tristemente, pocas son las peques que me encuentro así. Hablo con una media de grupos durante los 13 últimos años que ronda los 10 años y que ya son así. Ya tienen esa pequeña luz apagada. Y llegar a entender esta esencia será tarea complicada.

Por eso tenemos el mundo que tenemos. Pero otro mundo es posible. Y cuando entiendan todo esto, serán capaces de volar. Pero requiere de otra forma de ver el mundo, de estar en el mundo, de educar en este mundo.

Te diste cuenta de que tu poder estaba ahí desde un principio.

Siempre ha estado ahí. Y ha ido ocultándose simplemente por todo lo que te ha pasado, por todo lo que has vivido y como te han hecho afrontarlo o como lo has afrontado tú luego.

Pero aún está ahí. Siempre está ahí.

“Silencio cariño.

Cierra los ojos y descansa.

Danzando entre las olas

sumergiéndote en lo más profundo.

Las estrellas están brillando,

el viento se levanta,

susurrando palabras de canciones de cuna

perdidas ya hace tiempo.

 

Por eso… ¿Vendrás conmigo?

Donde la luna se hace de oro

y junto al sol de la mañana

zarparemos.

Oh ¿vendrás conmigo?

Donde el océano se junta con el cielo

y mientras las nubes vuelan encima de nosotras

cantaremos la canción del mar.

 

Tuve un sueño anoche,

oí el sonido más dulce,

vi una gran luz blanca

y bailarines danzando a su alrededor.

Castillo en la arena,

cunas en los árboles,

no llores

llegaré a tiempo.

 

¿Vendrás conmigo?

Donde la luna se hace de oro

y junto al sol de la mañana

 zarparemos.

Oh ¿vendrás conmigo?

Donde el océano se junta con el cielo

y mientras las nubes vuelan encima de nosotras

cantaremos la canción del mar.

 

Meciéndonos, Meciéndonos, Meciéndonos, Meciéndonos.

 

Por eso… ¿Vendrás conmigo?

Donde la luna se hace de oro

y junto al sol de la mañana

 zarparemos libres.

Oh ¿vendrás conmigo?

Donde el océano se junta con el cielo

 y mientras las nubes vuelan encima de nosotras

 cantaremos la canción del mar.

 

“Te querré siempre”

 

Esta última frase es la esencia de cada una de ellas, de cada uno de ellos. Si son capaces de decírselo, de sentirla, serán libres, serán lo que quieran ser. La vida cambiará.

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