Ylusicalia

Ylusicalia. Teatro bebés. Cuentacuentos Litxi.
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¿Qué es Ylusicalia?

En el "Inicio" y en "¿Qué ofrezco?" aparece una descripción y un precioso video lleno de amor para poder hacerse una idea de lo que es Ylusicalia.

 

Pero después de verlo, detrás de Ylusicalia, hay mucho más.  Hay una forma de entender la vida, hay una forma de mirar a los hijos, hay una forma de educar a los más pequeños desde el momento en que nacen, hay una forma de ponerse en los ojos de los más pequeños y, antes que todo esto, una forma de mirarnos como adultos para poder comprender a esa hija o hijo que tenemos o con los que trabajamos.

 

¿Te apetece conocer esta historia? Nace de muchos años dedicado a la educación, a trabajar con personas en muchos ámbitos y situaciones (desde drogadicción, casas de realojo, discapacidad, escuelas infantiles, colegios públicos, campamentos, centros sociales...) y de un trabajo interno propio.

EL LATIDO

 

Comienza con una forma de entender la vida. Puesto que, como adultos, vemos el nacimiento de un niño como algo maravilloso, que lo es. Pero antes de nacer, mucho antes incluso de la concepción, ya estamos condicionando, en parte, esa carga genética que tendrá ese ser. Poneos en el caso de aquellos niños o niñas que vienen al mundo en otros países, en otras culturas, que nacen sin padres o que nacen de una violación. O simplemente, nacen de una forma "normal". Cada niño tiene una carga genética diferente y aún así intentamos (esta educación y yo en su momento era igual) educarlos de la misma forma. 

 

Entender que la vida está conectada en todos los ámbitos: desde los elementos, las plantas, los animales que crean ecosistemas, y que por ínfimo que sea el animal o la planta, son parte esencial dentro de un todo, pero conservando sus diferencias. Los seres humanos nacemos en un contexto y en una situación determinada. Y entender ese proceso como adultos, entender el todo, hará que seamos más conscientes de lo que trasladamos a esa persona que va a nacer. Y no me refiero solo a saber en qué país vivimos, cómo es la sociedad, cómo vamos a criarlo o en dónde será educado. Voy un poco más allá. Comprender ese todo de los adultos. Saber en qué etapa de la vida estoy, saber cuáles son mis sombras, mis miedos, saber si soy feliz o estoy realmente dispuesto a buscar esa felicidad. Afrontar estas cuestiones y asumir las responsabilidades para emprender un proceso como es el ser madre o padre de un ser.

 

Ese es el latido que surge desde la gestación, es todo. Cómo me relaciono con mi pareja, cómo entiendo mi propia vida y cómo decido actuar en ella. Esto es importante y en la educación será igual. Al entender y hacer esa gran labor de aprendizaje interno aparece algo maravilloso: la tranquilidad de poder dar. Saber que esa persona que nace, será nuestro hijo, pero será alguien que tendrá su propio aprendizaje y será con suerte, muy distinto al nuestro. Y que nuestra presencia es más en forma de amor, de facilitar y propiciar situaciones para aprender y de ser referencia para su desarrollo durante una etapa muy importante de su vida.

 

Por eso Ylusicalia empieza así. Y es desde ahí donde emprenderemos el camino a ver con otros ojos (otra mirada) cómo conectar con nuestro hijo, nuestro sobrino, un alumno o cualquier bebé, niña o adolescente.

 

EL VIENTO

 

Llegados aquí siempre hago la misma pregunta: ¿Qué hubiera pasado si le hubieran dicho a Galileo que no, que dejara en su intento de confirmar que la tierra fuese redonda?, o a Albert Einstein con su teoría de la relatividad, o a los que inventaron Google, Facebook o de los que han hecho que el mundo cambie la forma de verse. Seguramente habrían venido otros para hacerlo posible.

Si entendiendo que cada ser es de una forma y tiene su proceso, ¿por qué educarles y enseñarles todo de la misma forma? Les enseñamos el mundo desde la perspectiva de un adulto. Es más, les hacemos estar en el mundo al ritmo de los adultos. Las prisas, la velocidad, nuestra forma de andar o nuestra forma de ver el mundo se la transmitimos; a veces de forma consciente en el colegio, en casa y otras de forma inconsciente.

Hay un ejemplo muy gráfico. Cuando van las niñas andando con nosotras y por cualquier motivo, tenemos algo de prisa en ir a por el pan, al colegio o a un centro comercial. Y nuestra hija o hijo, casi tiene que ir corriendo porque se hace tarde o no llegamos. Incluso, llegamos a enfadarnos o a sentir un enfado interno porque nos lastra o nos hace perder tiempo. Y para él, el camino, es un recorrido lleno de cosas por mirar, parar, tocar, aprender.

Dejamos a las niñas y niños en clase para que aprendan y en muchos sitios, simplemente se dan conocimientos y han de adquirir esos conocimientos que, en la mayoría de las veces, vienen de fuera con la misma velocidad que ese camino que hacemos. En primer curso han de aprender esto, en segundo curso lo otro... y así hasta que salen de la universidad. Aunque hay miles de profesoras y profesores que hacen de la educación otra forma de vida, en otro porcentaje muy alto, las escuelas se convierten en un lugar donde embutir a los peques con conocimientos que luego no recordarán.

¿Qué pasaría si dejáramos que aprendieran a su ritmo? ¿Qué tal levantarse antes para ir parando en el camino y mirar con los ojos de nuestra hija o hijo todo lo que descubre? ¿Qué tal si en clase aprendieran a ver el mundo con todas las posibilidades que tienen dentro? ¿Qué tal sería que las correcciones fueran suyas, que descubrieran y tuvieran esa sensación de entenderlo por ellas mismas? La mejor forma de aprender es equivocándonos. Y de ahí nace el mayor aprendizaje de todos. El que nace de dentro, pues todos tenemos la capacidad para sacar y darnos cuenta de ese error. Igual nos costará, pero será un aprendizaje interno. Incluso, a veces, no será un error, sino que será algo que no se había descubierto. No habrá una forma solo de hacer las cosas, sino que habrá miles, tantas como la imaginación y las ganas de crear que tengan ellas. Y así podrán llegar tan lejos  como quieran, tan lejos como el viento.

 

EL AGUA

 

Y es ahí donde empieza el verdadero camino del aprendizaje y el verdadero fluir con esos seres. Entenderemos, como hace el agua, que al igual que la lluvia, que un rio, el mar... en su camino hay momentos en los que chocarán contra un obstáculo. En el  caso de la lluvia, puede ser una hoja, puede ser el suelo, puede ser un paraguas o la cara de una persona que mira al cielo. Esas gotas de agua al chocar buscarán el camino para seguir avanzando o se transformarán, seguirán su camino independientemente de contra qué choquen. Si todo lo anterior lo hemos entendido, cuando ese ser choque por cualquier motivo, tendrá las herramientas para poder encontrar de nuevo su camino y fluir. No estará coartado por nuestra forma de ver o la que le hayamos transmitido como adultos.

En muchas ocasiones me he encontrado con niñas y niños que ante ese choque, se quedan bloqueados por diferentes motivos: porque tienen aprendidos una serie de esquemas de conducta, porque no tienen la confianza suficiente porque en casa no se la dan, porque no puede expresarse por falta de recursos o simplemente porque en la escuela no potencian esa capacidad, porque el miedo al fracaso no les hace poder superarlo, porque es imposible y creen que lo es, porque no están acostumbrados a un aprendizaje propio porque ese aprendizaje viene de fuera...

Y entender que esto no está mal ni está bien, es esencial. Entender que tal y como está el mundo, la sociedad, ese niño o niña en ese determinado momento es el que le hace falta y por ende es como debe ser, es esencial. Pero la decisión que tomemos ahora y cómo seguir afrontando las situaciones es esencial también. Cada momento determina el seguir bloqueados o seguir nuestro camino como el agua. Para ello, hay muchas herramientas, recursos, personas y actividades que harán darnos cuenta. Pero lo más importante es que queramos hacerlo y que el problema no está fuera, está en uno mismo: ya sea el niño o el adulto. Pero a cada uno le tocará trabajar la parte que le toca independientemente del otro. Puesto que ese trabajo y ese cambio hará posible de forma espontánea que cambie el otro.

El no centrarse en las consecuencias e ir al origen hace posible que fluyamos como el agua. Al fluir, seremos conscientes de que el mundo cambia porque hemos cambiado nosotras.

 

LOS ANIMALES.

 

¿Cuál es el origen? Muchas veces pongo como ejemplo mi perro. Es un animal. Tiene su propio instinto y su propia forma de entender el mundo y relacionarse con él. Las veces que he podido frustrarme, enfadarme, hacerle daño conscientemente son unas cuantas. Y sin embargo ahí sigue. El que no obedeciera una orden, el que no hiciera las cosas como yo quería que salieran, el que se pusiera en peligro porque no lo veía igual que yo... ¿Cuántas veces esta misma situación no ha pasado con otros animales que llamamos humanos?, pero no solo  con los que tienen 1, 2 ó 3 años; sino con los que tienen 10, 17, 33 o 65 años. ¿Cuántas veces no hemos sentido que la culpa estaba fuera de nosotras, en la otra persona y así se lo hacíamos ver? En mi caso, llegando incluso a darle un golpe por algo que él no entendía. En otros casos más humanos con una riña, con indiferencia, con malas palabras; a veces con regalos, permitiendo ciertas conductas; o en otros casos con abandono.

Seguro, aunque no sea tan perceptible, el sentimiento que subyace, o que resuena como en mi caso, tendía a un dolor propio. No por ver como sufre sino porque sabemos que algo no hemos hecho bien. Hay veces que necesitamos de un estimulo externo: ver como tiembla mi perro, ver como llora un niño, ver como no hace caso o prefiere una consola o no hablar con nosotros, ver como esa persona mayor se apaga la energía vital y las ganas de vivir. Pero todos estos estímulos, no son más que un reflejo interno nuestro. Si te paras a pensar, cualquiera de estas acciones o las miles que hay, tienen una relación directa con algo que sentimos dentro, que hacemos igual en otro contexto o que dejamos de hacer.

En ese momento podemos parar y mirar más allá o seguir actuando como si el problema estuviera fuera. Si decidimos parar y mirar más allá encontraremos algo esencial: "nuestras sombras".

Hacer frente a ellas: la incapacidad de comunicarme y expresar lo que siento, miedos de nuestra niñez que están ahí y que hacen sobreproteger de algo que vaya a pasar, no asumir responsabilidades propias y que lleva a una dejadez en varios ámbitos de nuestra vida y que repercuten en los demás, una rabia u odio por situaciones pasadas que hacen tratarme de una forma y tener una conducta que llevo o traslado hacia fuera... Hay tantas y tan dentro de nosotras mismas como vivencias hayamos podido tener o hayan tenido nuestros padres, abuelos, tutores o familiares. Hacerlas frente es el inicio para poder aceptarlas y poder cambiarlas.

Y cuando esto ocurre comenzamos a brillar y a ver el mundo de otra forma. Consciente e inconscientemente todo cambia.

 

LA MÚSICA Y EL BAILE.

 

Cuando al leer algo como este texto, ciertas frases que se cuelgan en redes sociales, al ver un documental o algo que nos hace suspirar, empezamos a sentir algo dentro. Conectar con ese sentimiento y darle la importancia y afrontarlo desde la humildad, sin juzgarlo, aceptando que no somos perfectos y que todo lo que hemos hecho ha sido como sabíamos, pero que podemos mejorar... ahí empieza de verdad ese baile. El baile de sentir. Eso que nunca nos han enseñado. A conectar con nosotras mismas, a ver nuestras sombras, a aceptarlas y a cambiar internamente nuestra concepción: cómo pensamos, cómo actuamos y qué es lo que nos impulsa a ser felices en su totalidad. Un baile maravilloso en el que, como hablo en el espectáculo, a veces nos hará caer, nos hará estar solos, nos hará pedir ayuda, nos hará ir acompañados, decir adiós o nos hará volar. Un baile que nada tiene que ver con el de nuestra hija o hijo. Es un baile que solo podemos afrontar nosotras mismas y que en todo momento sabemos cuál es el compás.

Sabemos cuándo no tenemos el control en un momento de nuestra vida, sabemos cuándo estamos cansados o hartos con el trabajo y lo que nos provoca, sabemos cuándo algo no anda bien con nuestra hija o hijo y la responsabilidad que tengo en ello, sabemos cuándo no estamos bien con nuestra pareja o cuándo debemos separarnos. Pero también sabemos qué nos hace feliz, sabemos qué nos cuesta conseguir esa felicidad, sabemos cómo relacionarnos con nuestra pequeña.  Lo tenemos dentro, tenemos el ritmo y las ganas de bailar. Solo nos hace falta empezar, abrir los ojos y sentir ese baile, que no es otro, que el baile de la vida.

 

Cuando lo aprendamos (de una forma interna, no porque lo escriba aquí o porque me lo digan), cuando fluyamos con ese aprendizaje, miremos nuestras sombras y brillemos, podremos bailar con nosotras mismas y de forma mágica con todo lo que nos rodea: hija, hijo, marido, compañero, esposa, madre, padre, abuelos, amigos, trabajo, sociedad, naturaleza.... un baile maravillo, el baile de la vida, el baile de Ylusicalia.

 

 

Si os ha gustado el espectáculo, este texto, o tenéis algún comentario o crítica, podéis escribir un correo. Estaré encantado de leeros y aprender con vosotras.

 

MUCHAS GRACIAS, por ser vosotras mismas, por lo que hacéis, por venir a ver el espectáculo y por formar parte de la vida. Gracias de corazón.