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¿Qué es Ylumalia?

Ylumalia es un mundo nuevo. Una aventura de un personaje muy especial. Una luciernaga especial porque ha perdido su luz. Y la posiblidad de dar luz a todo como sus compañeras han hecho siempre, se desvanece. Entre todos y todas deberán embarcarse en este viaje y ayudar a nuestra amiga a salvar todos los obstáculos, a adentranse en un mundo nuevo (su mundo interior) para conseguir de nuevo brillar.

 

Pero no siempre es tan fácil. El mundo de Ylumalia es muy grande. Pero con la ayuda del Caracol Paul, el Ave Fénix, Ego la Serpiente, los elementos y hasta las estrellas, el camino se hace más claro. Pero sobretodo, con vuestra ayuda, seguro que consigue recuperar la luz. Y nunca mejor dicho, puesto que tendréis que ayudarla a conseguirlo.

 

¿Te atreves a buscar la luz?

 

Bienvenida a Ylumalia.

 

¿Qué es Ylumalia?

 

Todo empieza en un mundo diferente. En un mundo muy parecido al nuestro. En un mundo que surge de una forma muy especial, casi muy parecido al que tenemos ahora. Nace de la naturaleza. Nos sitúa en un mundo de fantasía que puede ser el de cualquiera de nosotras. Ese mundo no es más que nuestra propia vida. Una vida en la que solo por nacer ya brillamos. Lo tenemos todo. Vamos alumbrando nuestro camino. Cada uno tenemos una esencia, un color, una forma de ver el mundo y todo aquello que nos rodea. Vamos creando la vida con lo que traemos adquirido, lo que hemos ido heredando genéticamente y lo que a cada momento vamos creando en la medida de cómo sentimos.

 

Pero llega el instante (y suele ser en momentos puntuales que pueden marcar nuestra forma de ser o de estar en la vida) en el que perdemos la luz. Bloqueos que desde muy pequeñas tenemos. Ya sea miedo a la oscuridad, rechazar o no comer algún alimento, no poder ir al baño, miedo a ciertas experiencias, no querer ir a algún lado en concreto, rabietas, sentimientos de exclusión, enfrentamientos… un sinfín de momentos que suelen darse con frecuencia. Es ahí donde se pierde por momentos la luz. Esa luz interior que todas tenemos.

 

Y en casos concretos esa luz puede apagarse durante mucho tiempo si la situación interna persiste. Si ese bloqueo de alguna forma sigue presente de igual forma o muta a otra sin llegar a dar en el centro del asunto. Dada esta sociedad en la que estamos, suelen perdurar en el tiempo y suelen añadirse mucho más: desde la presión en el colegio, el adoptar un roll determinado en el grupo de iguales, la frustración de la no comprensión familiar, los estereotipos impuestos desde fuera, las ilusiones y anhelos propios cohibidos…

 

He aquí que puede llegar a durar toda una vida y nunca brillar esa luz con la misma intensidad. O simplemente desaparecer. Pero también puede volver a brillar.

 

Y aquí es donde entra la educación emocional. Donde comienza un camino: Ylumalia.

 

CARACOL PAUL.

 

Encontrarse con caracol Paul no es casual, al igual que no lo es ninguno de los personajes con los que se encontrará. Caracol Paul es el primero puesto que es un animal como cualquier otro que pudiera encontrarse. Pero tiene una cualidad esencial. Es tranquilo, lento y siempre avanza. Pero aún así, cuando se encuentra nuestra protagonista con él, está triste. Que no ha de ser malo ni bueno, simplemente está así.

 

Pero si hay algo esencial por lo que se encuentra con este personaje es porque no es más que un espejo. Al igual que son todas y cada una de las personas con las que nos cruzamos en nuestra vida. De una u otra forma, nosotras las ponemos ahí. Son parte de nosotras. Sacan a la luz una parte de nosotras. Curiosamente esa que no queremos ver (ojo, para lo bueno y para lo malo). En este caso, caracol Paul solo le muestra en un principio la tristeza. La misma que ella tiene.

 

Muchas veces, intentamos buscar en los demás aquello que nos pueda aliviar. Aquello que pueda hacer que nos quite esa dolencia, malestar o sin que sea nada físico, dejar de centrarnos en aquello que debemos aprender. Pero por suerte, los animales son muchos más listos y no pueden hacerlo de igual modo que los humanos. Caracol Paul solo puede mostrar lo que es y nuestra protagonista aprender si quiere aprenderlo.

 

Caracol Paul sabe lo que es. Es un caracol. No quiere ser ni una oveja, ni un dragón. Él es un caracol. Por eso brilla. Es feliz siendo lo que es y sabiendo donde va. Pero no puede darle su luz. No podemos brillar por otros.

 

Esta es una de las partes más esenciales de la educación. ¿Cuántas veces hemos comparado a un niño o una niña?, ¿cuántas veces hemos menospreciado a una compañera?, ¿cuántas veces decidimos que es mejor o peor para nuestra hija o hijo?, ¿cuántas veces evitamos que hagan algo por si mismos por miedo?... ¿Cuántas veces dejan de ser quienes son por su entorno, por otra gente? ¿Cuántas veces dejamos de ser nosotras mismas?

AVE FÉNIX.

He aquí que nuestra protagonista se embarca en un viaje hasta llegar al encuentro de otro ser. Un ser mágico. Un ser que no es del mundo que conocemos. Es el Ave Fénix. El cual tiene una cualidad esencial: puede renacer de sí mismo. Es la metáfora que encierra este encuentro, puesto que para brillar, la luciérnaga ha de renacer, sobreponerse a aquello que tanto pesar le genera.

El Ave Fénix, en el momento que se encuentra con la luciérnaga, se encuentra con una cara de enfado. Al igual que antes, no es casualidad. La luciérnaga proyecta fuera aquello que lleva dentro.

¿Cuántas veces nos da rabia que algo no suceda como nosotras queremos?, ¿cuántas veces la rabieta es el primer estímulo con el que la niña o el niño expresan su disconformidad? ¿Os habéis parado a pensar en el resto de emociones que nos genera la realidad? Desde frustración, pena, desconsuelo, ira, rabia… La mayoría de las veces tiene que ver con la no aceptación de la realidad y aún más allá, con la no comprensión a nivel emocional de esa misma realidad que acontece. No es ni bueno, ni malo una situación. Hay veces que tendrán que sentir dolor, o sentir que la vida les sobrepasa, o frustración, o un enfado más o menos grande.

La luciérnaga entiende que ningún otro animal puede darle la luz, puesto que es una luciérnaga. Es un animal de aire. Pero aún así no entiende por qué no es capaz de brillar y su pesar le lleva a una rabia por no ser capaz de hacerlo como hacen otras tantas luciérnagas. Se compara, se menosprecia, va perdiendo poco a poco el valor… su esencia.

Al encontrarse con el Fénix ve esa misma emoción. Éste le mostrará las emociones. El significado de ellas. Las básicas. Alegría, Ira, Tristeza y dos esenciales: luz y oscuridad.

Intentamos corregir a nuestras hijas e hijos para que no comentan errores, les guiamos por el camino de la vida para que no se encuentren con obstáculos, como pretendiendo que la vida sea lo más tranquila posible. Más por serenidad nuestra que la propia suya. Aceptar que la vida es así, que tiene todo tipo de situaciones que vamos creando según tan oscura o limpia sea nuestra visión de nosotras mismas, es esencial. Entender las emociones, cómo se generan en nosotras, cuáles son los mecanismos que la hacen saltar, cuál es el trasfondo de esa emoción nos ayuda a no tapar lo importante, lo que realmente está afectando a nuestro ser para ser libre, para brillar.

He aquí que cuando una niña siente y actúa en consecuencia, solemos actuar sobre esa consecuencia, no sobre el sentimiento. Corregimos la acción, pero no llegamos a llegar a tocar la tecla adecuada para que la niña o el niño entienda la emoción, sepa de donde viene y relacione su conducta (antes, durante y después) y lo que todo ello genera. Así, se entenderá a ella (él) misma y habrá un aprendizaje en la raíz, no en el fruto.

La luciérnaga empieza a entender sus emociones y lo que todo ello genera. Entiende su estado y lo acepta. Empieza a aceptarse a ella misma y a ver la búsqueda como un camino, no como un fin.

EGO LA SERPIENTE.

 Y en ese proceso, emprende otro camino un poco más difícil hasta llegar al último animal con quien se encuentra. La serpiente. Ego, la serpiente. Un animal que al principio no se deja ver, que cambia de piel, que muda. Que intenta que la luciérnaga se quede con ella jugando. Incluso, le propone quedarse con una de sus luces para que pueda brillar.

He aquí el símil de lo que es el Ego. Pero con una salvedad. Lo que parece venir de fuera no es más que nuestra percepción sutil de lo que tenemos dentro y que se manifiesta fuera.

Aunque la luciérnaga vaya siendo más consciente de que es una luciérnaga, aunque acepte las emociones y sea más consciente de donde vengan, hay un anhelo mucho más fuerte que esos nuevos patrones que se van dando: llegar a brillar, tener su luz. Y el Ego lo manifiesta de muchas formas. Algunas más evidentes como la Serpiente que intenta hacerla jugar para no continuar su viaje u ofreciéndola una luz para que brille. Una recompensa inmediata a un trabajo hecho. Pero hay otras veces que es más sutil, que hace creer a la luciérnaga que ya ha hecho todo el trabajo previo para poder brillar y que parece que ya es hora de esa recompensa. Esa sensación que puede reconfortar en un momento dado.

Por eso, es el momento en el que ellas (niñas y niños) tienen que decidir qué hacer. Si aceptar o no. Y quedarse inmóviles para que la Serpiente Ego no derribe la voluntad de querer ir más allá. No pueden coger ninguna de las escamas de la serpiente y aunque pase por encima de ellas, tienen que conseguir permanecer inmóviles (concentrados o meditando). Hasta que se da la señal de poder quitar todas las escamas y devolverlas sin que puedan quedarse ninguna. Entonces ayudarán a la luciérnaga a ver a la Serpiente Ego tal y como es. Como se encuentra ella misma. Sin mente, sin anhelos, sin futuro, ni pasado. Simplemente ahora.

LA TORMENTA.

Es lo que más nos asusta. Es lo que más le asusta a nuestra protagonista. Dejar de ver esa realidad que creamos para conocerse realmente. Ya no hay otros animales que le ayudarán a conseguir su luz. Ya no hay nadie que pueda reconfortarnos. Sólo está ella. Sabe que es ella la que tiene que hacer ese camino. Y eso asusta.

«Nuestro mayor miedo, no es que no encajemos... Nuestro mayor miedo es que tenemos una fuerza desmesurada, es nuestra luz y no nuestra oscuridad lo que más nos asusta, empequeñecerse no ayuda al mundo, no hay nada inteligente en encogerse para que otros no se sientan inseguros a tu alrededor, todos deberíamos brillar como hacen los niños, no es cosa de unos pocos, sino de todos, y al dejar brillar nuestra propia luz, inconscientemente damos permiso a otros para hacer lo mismo, al liberarnos de nuestro propio miedo, nuestra presencia libera automáticamente a otros...»

Y para que esto se dé, para aceptar ese miedo y trascenderlo, solo queda fluir. Seguir el camino de uno mismo. Y es donde aparece esa gota de Agua. Feliz porque su naturaleza es fluir, sea cual sea su camino. Nuestra protagonista acepta esa tormenta y sabe que ha de seguir, que ha de coger todo el valor y todas sus fuerzas para seguir y traspasar esa tormenta. Su propia tormenta.

Es por lo que decide subir y echar a volar. Llegar tan alto como le sea posible, dándolo todo, yendo más allá. Con lo que quiere realmente, que es brillar. Y en ese camino, las nubes y la tormenta se van disipando.

LAS ESTRELLAS.

Esa ascensión es tan maravillosa que no puede más que disfrutar de ese recorrido. Viendo mundos que jamás habría soñado ver. Viaja por el universo. Hasta llegar a un lugar rodeado de estrellas en mitad de éste. Es la alegoría perfecta a ese estado donde la claridad se hace sobre la oscuridad.

Le nace gritar, le nace llamar a voz en grito aquello que tanto anhela. Su luz. Brillar.

Una estrella, símbolo de su propia conciencia, de su propio corazón, le hace ver dónde está el final de ese camino e inicio del que ha de seguir.

Esa luz que necesita para brillar, está en el punto de inicio desde donde comenzó su camino. Siempre está en el mismo lugar. Crearemos situaciones, vivencias, amistades, relaciones o situaciones familiares. Crearemos todo aquello que necesitemos para conseguir esa luz. Pasaremos todo tipo de estados, sentiremos todo tipo de emociones y tomaremos todo tipo de decisiones. Pero todas y cada una van encaminadas a poder brillar, si es lo que queremos realmente y si queremos ver esa necesidad innata.

FINAL E INICIO.

Siempre es igual. Si sacas una luz de ti, los niños querrán sacarla. Por eso, son ellos los que a modo de espejo hacen brotar su luz y se la entregan a la luciérnaga, que ya entiende, que ya acepta quién es, dónde está y cómo brillar.

Es el final de su camino. Es el inicio de otro nuevo. El de brillar como todos queremos hacer desde lo más profundo de nuestro corazón.

Es un camino maravilloso. Es el camino de la Vida. Esto es Ylumalia.

Gracias. Gracias de corazón.